20 marzo, 2010

El Hospital de San Andrés

 

Hace algunos días, el diario El Comercio alertó sobre el alquiler para comercio ambulatorio, de una parte de lo que antiguamente fue el Hospital Real de San Andrés, uno de los primeros nosocomios de la Lima virreinal, y sede del primer anfiteatro de Cirugía y Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos. Bestialidades de este tipo no sorprenden en una ciudad como la nuestra, acostumbrada a pisotear su patrimonio cultural en aras de un modernismo mal entendido y vulgar. De todos modos, nuestro equipo* se hizo presente en el local del Jr. Huallaga 846, para captar algunas imágenes y recordar algo de historia.


El Hospital Real de San Andrés fue construido a mediados del siglo XVI, gracias al apoyo que el clérigo Francisco de Molina recibió del Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, Marquez de Cañete; precisamente en agradecimiento, recibió el naciente nosocomio el nombre de pila de su benefactor. El cronista Fernando de Montesinos -citado por Juan B. Lastres-, nos narra a continuación el acto fundacional: "1560, vivía en este tiempo en Lima, un varon puro y santo llamado Francisco de Molina, clérigo; era natural simplícimo y sencillo, y tan caritativo, que llevaba a los pobres españoles a curar a su casa; doliase mucho porque en ella no había capacidad para curarlos tenia de ordinario seis camas y procurabales a los enfermos todo regalo; eran muchos los que acudían a valerse de su caridad, y hallandose imposibilitado de curarlos en la pequeña casa, pidio al Virrey le diera un sitio para llebar alli a sus pobres; diole el arrabal que es oy el sitio donde esta el ospital de San Andrés, con cargo que el ospital se habia de llamar deste nombre en memoria del suyo (El Virrey Don Andrés Hurtado de Mendoza) (...)". Cuentan Garcilaso de la Vega, José de Acosta y Antonio de la Calancha, que en aquellos años el mismo Virrey Marquez de Cañete habría ordenado enterrar aquí las momias de los incas Pachacútec, Túpac Yupanqui y Huayna Cápac, para evitar la adoración de los indígenas; entre el 2001 y el 2005, el historiador Teodoro Hampe y el arqueólogo Antonio Coello (continuando la labor iniciada en 1937 por José de la Riva Agüero) lideraron las excavaciones destinadas a ubicar los restos incaicos, sin éxito hasta el momento, faltando explorar precisamente la parte que ahora se encuentra bajo la zona comercial.


Al ser un Hospital Real, se encontraba bajo el patronazgo de la corona, la cual brindaba un aporte anual para su mantenimiento. Según Agustín Iza y Oswaldo Salaverry, "en esas épocas la atención de los enfermos era un acto de caridad cristiana. La salud era un don divino y la enfermedad una prueba de fe. El médico se formaba más como académico que como práctico y socialmente era mejor considerado en cuanto podía comentar adecuadamente los clásicos hipocráticos y galénicos. El principal objetivo al fundar un Hospital era brindar un ambiente para el buen morir. Los que padecían una enfermedad ligera o curable eran atendidos en sus domicilios". No se puede dejar de citar aquí la halagadora descripción que hizo Vásquez Espinoza -recogida también por Juan B. Lastres-: "El hospital Real de San Andrés fundó la piedad del Marquez de Cañete el viejo don Hurtado de mendoça, puede competir con los mejores del mundo, por que sin limite recibe, y sin fabores humanos los enfermos de todas enfermedades, qe por salas diferentes se reparten, sus salas, citio, y officinas parecen vn pueblo, tiene casa aparte de locos, y aunque en habitos de terceros tiene algunas personas siruientes, tiene cantidad de esclavos y esclauas para el servicio de los pobres (...)". Inclusive en 1816, el informe del Protomédico interino del Virreinato Miguel Tafur -citado por Óscar Valdivia Ponce- elogiaba la labor del Hospital Real en el cuidado de los alienados, al compararlo con otros establecimientos: "Allí (el Hospital de San Pedro), nada pueden adelantar los locos, sujetos a una cadena si son bravos o confinados a celdas si son mansos. Allí no hay loquería destinada al cuidado privativo de ellos, ni un loquero que se encargue de su aseo, limpieza y particular asistencia (...). La única casa que tenemos para estos es la loquería de San Andrés a donde se les cuida como exige su constitución, bañándolos, aseándolos y asistiéndolos del modo más conveniente al común y a cada uno en particular. Así el bien de la humanidad me estimula a lamentar el desorden y preocupación de que solo han de ir a ella los locos seculares, desdeñándose el clero y comunidades de readmitir allí los suyos (...) muchos se curarían sin duda, si en los conventos tuviesen asistencia y cuidado con que tales enfermos se tiene en la loquería de San Andrés, cuidado y asistencia que es imposible proporcionar en el Hospital de San Pedro y en las enfermerías de los conventos, a pesar de la dedicación y esmero que hay en todas ellas para la asistencia de las demás enfermedades".

 
Desde 1753, se había ordenado por soberana resolución, la creación de un anfiteatro anatómico "para que se instruyan los cirujanos y médicos de esta capital". La anatomía, hasta ese entonces, se había enseñado sólo teóricamente; según Agustín Iza y Oswaldo Salaverry, a los catedráticos de las asignaturas de método y anatomía se les designaba con el nombre de catedráticos in partibus (de anillo), porque no ejercían el cargo. En el "Libro de Actas de la Universidad" de 1780 (citado por Juan B. Lastres), puede leerse lo siguiente: "Que en efecto, en esos dias le habia ordenado pasase al Hospital de San Andres, y en Consorcio de Cathedratico de Anatomia y del Protomedico hiciese reconocimiento de alguna Sala o lugar comodo en donde pudiese formar un Anfiteatro para desecciones Anatomicas segun lo tenia ordenado su Magestad muchos años antes". No fue sin embargo, hasta noviembre de 1792, que la orden real se vio cumplida, al inaugurarse el anhelado anfiteatro, gracias a las gestiones de Hipólito Unanue y el apoyo del Virrey Frey Francisco Gil de Taboada y Lemos y Villamarín; en la ceremonia, pronunció Unanue su famosa oración "Decadencia y restauración del Perú".


A mediados del siglo XIX, el declive de la atención manicomial era evidente. Casimiro Ulloa, en la Gaceta Médica de Lima de 1857, se refirió a las loquerías de Santa Ana y San Andrés en los siguientes términos (citado por Óscar Valdivia Ponce): "hemos recorrido esas especies de cárceles que en Lima se honra con el nombre de casa de locos, nuestro corazón ha sido cruelmente herido de pesadumbre y angustia. Al ver el semblante de estos desdichados recostados en inmundos colchones sobre el suelo, o sobre gruesas tarimas, encerrados a pares en estrechas y húmedas celdas, sin más mueble que las vasijas de barro indispensable a sus más apremiantes necesidades: al verlos atados a las paredes de ellas con cadenas de hierro, o colocados sus pies en un cepo al mirarlos vagar por un corredor estrecho, sin otro cuadro a que volver los ojos que el espectáculo de las desgracias de sus compañeros de cárcel, no hemos podido alejar de nuestra memoria el recuerdo de las lastimosas escenas de que hemos hecho mención". El mismo Casimiro Ulloa (citado ahora por Juan B. Lastres) dijo en otro momento, refiriéndose a la loquería de San Andrés: "sin estar en deplorables condiciones, deja sin embargo, mucho que desear porque los infelices amentes muden cuanto antes del alojamiento. Allí hay es cierto más aseo, más vigilancia; pero todo esto no toca la medida de lo que se puede hacer en este género de servicios públicos". Por otro lado, según Baltazar Caravedo, el médico Miguel E. De los Ríos informó en 1853 a la Sociedad de Beneficencia Pública, "sobre el estado lamentable en que se encontraba la loquería que funciona en dicho establecimiento (el Hospital de San Andrés), solicitando para los enajenados, régimen menos cruel. Los pobres enfermos eran considerados como en tiempo de la colonia: encerrados en inmundos calabozos o sujetos con cadenas a los muros, sufrían el maltrato de guardianes convencidos de que la agresión era el mejor procedimiento para dominar a los agitados, a los indisciplinados y para todos aquellos que perturbaran la tranquilidad de la casa o de sus cuidadores".

 
El "patio de los locos"

El desprestigio de las loquerías de San Andrés y Santa Ana fue el motor que impulsó la fundación del Hospital Civil de la Misericordia (más conocido como Hospicio del Cercado), el cual funcionó desde 1859 hasta 1917, y al que fueron trasladados los enfermos mentales de las loquerías (de aquél sólo hemos llegado a ver una placa en el museo del Hospital Víctor Larco Herrera). El Hospital de San Andrés siguió funcionando hasta el 8 de marzo de 1875, cuando todos los pacientes pasaron al recién inaugurado Hospital Dos de Mayo. El local funcionó entonces como convento de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, y desde 1929, de las Hijas de María Inmaculada. Posteriormente, parte del terreno terminó convertido en la actual Comisaría de San Andrés (frente a la Plaza Italia), y el resto fue utilizado por el Colegio Óscar Miró Quesada, hasta que en el 2007 los alumnos fueron evacuados por Defensa Civil, por riesgo de derrumbe.


Quién diría que tras esa fachada sucia y descuidada, se esconden siglos de historia y misterios por develar. Misterios que podrían quedar ocultos para siempre si los ímpetus mercantilistas de individuos ramplones y carentes de toda cultura, terminan imponiéndose. Como suele suceder en estos lares.

Bibliografía

  1. Caravedo Prado B. La reforma psiquiátrica en el Perú. Lima, 1985.
  2. Castelli A. La primera imagen del Hospital Real de San Andres a traves de la visita de 1563.
  3. Iza A, Salaverry O. El Hospital Real de San Andrés. Anales de la Facultad de Medicina UNMSM 2000; 61(3).
  4. Lastres JB. Historia de la medicina en el Perú. Tomo II: La medicina en el Virreinato. Lima, UNMSM, 1951.
  5. Lastres JB. Historia de la medicina en el Perú. Tomo III: La medicina en la República. Lima, UNMSM, 1951.
  6. Valdivia Ponce O. Panorama de la psiquiatría en el Perú. Lima: UNMSM, 1989.

Noticias relacionadas

El Comercio - Histórico Hospital de San Andrés fue dañado (versión impresa).
El Comercio - Histórico Hospital de San Andrés fue dañado.
Generacción - Destruyen el Hospital de San Andrés.


* Equipo conformado por este servidor y su vieja cámara fotográfica.


20 febrero, 2010

A la droga dile... ¿sí?

 

Recientemente, el escritor Mario Vargas Llosa publicó un artículo titulado "El otro estado", en el cual argumentaba a favor de la legalización de las drogas ilícitas, en base al fracaso reiterado de la lucha contra las mismas, que no ha tenido más logro que incrementar el poder del narcotráfico. Tema nada nuevo en realidad, pero que de todos modos genera polémica y exacerba los ánimos cada vez que es puesto sobre el tapete. No es el objetivo de esta breve entrada analizar los pros y contras de tal medida, ya bastante se ha escrito sobre el tema. Nos limitaremos solamente a recordar que las ahora sustancias criminalizadas, fueron alguna vez de uso difundido y aceptado plenamente. Más allá de lo que ahora podríamos imaginar.


Tabletas de cocaína con mentol (1900). "Calma instantáneamente los males de la garganta, tos, ronquera, etc. Restituye las cuerdas vocales, su flexibilidad y elasticidad. Indispensable para cantantes, profesores y oradores". Y hace hablar más de la cuenta, faltó añadir.


Vino de coca Metcalf. "Para la fatiga de la mente y del cuerpo ... Recomendado para neuralgia, cansancio, desaliento, etc. ... Un agradable tónico e irrigador". Bien agradable, sin duda.
 
 
Vino Mariani. Creado en 1863 por Angelo Mariani, se enorgullecía de contar como ingrediente la "coca del Perú", para proporcionar a sus entusiastas consumidores "salud, fuerza, energía y vitalidad", además de combatir la fatiga, "especialmente luego de la influenza" (¿inclusive la porcina?). Recomendada por "Su Santidad el Papa" León XIII, quien le otorgó una medalla de oro a Angelo Mariani. Amén.

 
Ni los niños se salvaban de los prodigios del alcaloide del Erythroxylon coca, administrado en gotitas que otorgaban una "cura instantánea" para la odontalgia (1885). Y por sólo 15 centavos.

 

No debería sorprendernos tanta acogida. La cocaína actúa a nivel cerebral bloqueando la recaptación -y por lo tanto aumentando la disponibilidad- de neurotransmisores tales como la dopamina y la noradrenalina, el primero de ellos asociado a los circuitos neuronales del placer.
 
 
Jarabe Víctor. Producto específicamente pediátrico, tenía como principio activo la marihuana (Cannabis sativa), con una posología muy estricta: "Para niños de dos días de nacidos, 1 gota; un mes, 5 a 10 gotas; tres meses, 10 a 16 gotas; 6 meses, 16 a 25 gotas; uno o más años de edad, 1 cucharadita de té; personas mayores pueden incrementar la dosis proporcionalmente".




Licor Montecristo de Haschisch. Elaborado ininterrumpidamente por Salvador Costa desde 1897 hasta 1976, sin prohibición alguna, pese a contener al reverso explícitamente la siguiente información: "Las propiedades de este licor se deducen de las siguientes aseveraciones científicas: EL HASCHISCH calma inmediatamente los dolores que producen los alimentos en el estómago en estado de irritabilidad extremada (G. Sée.) EL HASCHISCH es el verdadero sedante del estómago (Manquat, tomo II, página 486.) EL HASCHISCH exalta la tendencia a las ideas favoritas de cada cual (id., id., página 485.) EL HASCHISCH produce una especie de ensueño por lo común sumamente agradable en que el sujeto hállase como transportado a un mundo ideal, borrándose en su memoria las ideas de espacio y de tiempo. Después sobreviene un éxtasis voluptuoso que no tiene nada de cínico, al que sigue una languidez deliciosa (Trouseau y Padoux, tomo III, página 108.) La Cuasía es un aperitivo, un estomáquico y por consiguiente un tónico. Produce un aumento muy rápido del apetito y desarrollo manifiesto de las fuerzas: digestión completa de los alimentos y posibilidades de entregarse al trabajo por más tiempo y sin fatiga (Manquat, tomo I, páginas 640 y 641.) Como se deduce de lo anteriores hechos científicos, el licor fabricado por SALVADOR COSTA, a pequeñas dosis (de una a cuatro copas), calma rápidamente y con seguridad los dolores de estómago y ayuda a la digestión. Bebido en gran cantidad llega a producir una dulce embriaguez no peligrosa, descrita magistralmente por Trouseau en su Terapéutica. La embriaguez del HASCHISCH se disipa rápidamente con zumo de limón. MARCA REGISTRADA Casa fundada en 1897Fábrica y Despacho: Real de Madrid, 34-38, Albal (VALENCIA)." (Fuente: http://perso.wanadoo.es/jcuso/drogas-medicamentos/cannabis.htm)


Cigarros indios de Cannabis Indica, de Grimault y Cª (1870). Para la "opresión, asma, ronquera, sofocación". Quién podría dudar de tan convincente información: "Todos los remedios preconizados hasta hoy para combatir el asma, no han sido más que paliativos, más o menos calmantes, con base de belladona, de estramonio o de opio. Recientes experimentos hechos en Alemania y repetidos en Francia y en Inglaterra han probado que el cáñamo índico de Bengala posee notables propiedades para combatir con éxito seguro, no sólo esa terrible enfermedad, sino también la tos nerviosa, la insomnia, la tisis laríngea, la ronquera, la extinción de voz y las neuralgias faciales". (Fuente: http://perso.wanadoo.es/jcuso/drogas-medicamentos/cannabis.htm)

 
El mecanismo de acción de los cannabinoides y de los endocannabinoides es complejo e involucra a varios neurotransmisores, tales como la dopamina, la serotonina, el ácido gammaaminobutírico, el glutamato y los péptidos opioides.



Vapor Ol. Tratamiento para el asma, con alcohol y opio como ingredientes. Ningún bronquio se resistía.
 
 
Paregoric. 46 % de alcohol y 1 8/10 granos de opio, para esos bebes rebeldes que con su llanto impertinente, impedían a sus padres entregarse a los brazos de Morfeo (o de cualquier otro). Con la dosis incluida: "Cinco días de edad, 5 gotas. Dos semanas de edad, 8 gotas. Cinco años de edad, 25 gotas. Adultos, 1 cucharadita de té".


Jarabe Bayer de heroína. Comercializado entre 1890 y 1912, "en la tos fuerte". El niño de la izquierda parece estar diciendo "¡madre, quiero mi heroína!. Para exclamar luego agradecido: "mi catarro ha desaparecido" (y algo nuevo ha aparecido). Qué tiempos aquéllos. (Fuente: http://perso.wanadoo.es/jcuso/drogas-medicamentos/heroina-jarabe-bayer.htm).


Glyco-Heroína Smith. Para la "tos, bronquitis, tisis, asma, laringitis, neumonía y tos ferina". Toda una panacea respiratoria.



Tanto los opiáceos (alcaloides del opio), como los opioides sintéticos y los opioides endógenos, actúan a través de receptores específicos, relacionados también con los circuitos neuronales del placer y del dolor. Es justamente el efecto analgésico, además del antitusígeno, lo que hizo a los opioides tan populares contra las dolencias respiratorias.

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¿Y el alcohol? Desde tiempos inmemoriales se conocen sus efectos deletéreos, tanto de la intoxicación como de su uso crónico. Según la OMS (2004), existen 76 millones de personas en el mundo con problemas por alcohol, siendo esta sustancia la causa del 20-30% de todos los casos de cáncer de esófago, cáncer hepático, cirrosis hepática, convulsiones, homicidios y accidentes de tránsito en todo el mundo, y responsable de 1.8 millones de muertes/año. El Estudio Epidemiológico de Salud Mental del INSM encontró en Lima (Perú) una prevalencia anual de abuso / dependencia alcohólica del 5.3% (comparado con 0.4 para cocaína y 0.15% para marihuana); en Ayacucho, el porcentaje de abuso / dependencia alcohólica llega hasta 15%.


Pero claro, ante la descomunal y sugestiva propaganda de las cerveceras, ¿a quién se le ocurriría hablar siquiera de restricciones? Definitivamente, la guerra contra las drogas no va por ahí.

 

02 diciembre, 2009

José María Arguedas: 40 años después

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Hace 40 años abandonó este mundo José María Arguedas, 4 días después de llevar a la práctica la idea de autoeliminación que lo atormentaba desde su juventud. Proyecto fatal que interrumpe perturbadoramente -en la forma de diarios- el relato de "El zorro de arriba y el zorro de abajo", su última novela; es justamente en el epílogo de aquellos diarios que el escritor anuncia su final: "Me retiro ahora porque siento, he comprobado que ya no tengo energía e iluminación para seguir trabajando, es decir, para justificar la vida. (...) Y muchos, ojalá todos los colegas y alumnos, justifiquen y comprendan que para algunos el retiro a la casa, es peor que la muerte.”
 
No es frecuente encontrar un testimonio personal tan desgarrador sobre la depresión y el suicidio, con la claridad y detalle que un artista de la palabra imprime en su relato. Es por eso que la lectura de los diarios de Arguedas debería formar parte obligatoria de la formación de todos los médicos residentes de psiquiatría y estudiantes de psicología, por lo menos de aquellos de habla hispana.
 


06 junio, 2009

Breve historia de los tratamientos biológicos en la psiquiatría



El autor hace una revisión de los principales métodos biológicos (no psicológicos) utilizados a lo largo de la historia para controlar aquellos comportamientos considerados como anormales, desde los tiempos dominados por las concepciones mágico-religiosas, hasta la llegada del siglo XX y la aparición de tratamientos con mayor sustento científico. Hechos nefastos como los hospitales-prisiones, las esterilizaciones forzadas y los experimentos no autorizados "en aras de la ciencia", métodos como la psicocirugía y el electrochoque, cuyo halo tenebroso domina el imaginario popular hasta la actualidad, exaltado sin piedad por los entusiastas partidarios de la antipsiquiatría; el revolucionario desarrollo de los psicofármacos, basado en la casualidad antes que en metodologías científicas rigurosas, y el poder de la industria farmacéutica, con su despiadada política de patentes y su mal disimulada influencia sobre la objetividad de las prescripciones médicas, forman parte de la historia de la psiquiatría.

31 diciembre, 2007

Violencia, política y medios de comunicación: la experiencia peruana

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Presentado en el Congreso Regional de la Asociación Psiquiátrica de América Latina realizado en Quito (Ecuador), 2007.


"El periodismo según se ejerza, puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios"
Luis Miró Quesada de la Guerra, 1939

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1980: Después de 12 años, en el Perú llegaba a su fin el “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas”, iniciado con el golpe militar del Gral. Juan Velasco en 1968 y continuado por el Gral. Francisco Morales Bermúdez. En las elecciones presidenciales de ese mismo año resultó elegido el Arq. Fernando Belaúnde.

Poco antes de las elecciones, el 17 de mayo, un grupo de integrantes del denominado Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) quemó las ánforas y las cédulas de votación en el pueblo de Chuschi, en el departamento de Ayacucho. Fue el primer acto de guerra llevado a cabo por dicha agrupación. Sin embargo, los autores del hecho fueron capturados rápidamente, las elecciones se llevaron a cabo sin mayor incidente y éste recibió muy poca atención en la prensa peruana.

Con el transcurso de los años, las acciones de violencia del PCP-SL se extendieron. El asesinato de autoridades civiles, policías, propietarios de tierras y de todos aquellos considerados como “enemigos de la revolución marxista-leninista-maoísta”, se hizo cada vez más frecuente. En abril de 1982, militantes armados del PCP-SL atacaron la cárcel de Ayacucho, lberando más de 100 terroristas apresados y asesinando a algunos efectivos policiales. En respuesta, miembros de la Policía Nacional del Perú ingresaron al hospital de dicha ciudad y asesinaron a presuntos miembros del PCP-SL. El gobierno de Fernando Belaúnde decretó el estado de emergencia en Ayacucho, otorgando el control de dicha zona a las Fuerzas Armadas.



La reacción inicial de la prensa peruana fue de imprecisión y desconcierto, variando desde la minimización del fenómeno hasta planteamientos variopintos de conjuras comunistas internacionales o supuestas reacciones de la ultraderecha anhelante de una dictadura conservadora.

En enero de 1983, 8 periodistas fueron asesinados por campesinos de la comunidad de Uchuraccay, al ser confundidos con senderistas.

En abril de 1983, pobladores de la comunidad de Lucanamarca se rebelaron contra la presencia del PCP-SL, asesinando a algunos de sus dirigentes. Como revancha, los senderistas masacraron con machetes a 69 hombres, mujeres y niños de la comunidad. El líder de la agrupación subversiva, Abimael Guzmán (“Presidente Gonzalo”), reivindicó el hecho y lo justificó como un “escarmiento”.

En agosto de 1984, se descubrieron fosas con más de 50 cadáveres en la comunidad de Pucayacu. Las investigaciones señalaron como responsables a destacamentos de la marina al mando del Capitán Álvaro Artaza (“Camión”).

Los asesinatos selectivos, los “juicios populares”, las masacres, las desapariciones y los hallazgos de fosas comunes, serían situaciones frecuentes en la zona de emergencia durante los primeros años de la década de 1980.

En julio de 1985 asumió la presidencia el Dr. Alan García. Poco antes, el entonces ministro del interior había declarado que Lima estaba segura “en un 99%”; 3 días después, un coche-bomba con 50 cartuchos de dinamita explotó en el corazón de Lima. En los próximos años, los coches-bomba y las voladuras de torres de energía eléctrica serían hechos cotidianos. La represión militar indiscriminada había reducido el accionar terrorista en la zona de emergencia, pero éste se había trasladado a la capital. En ese mismo año, ingresó a la escena subversiva el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

En junio de 1986, las Fuerzas Armadas ingresaron a 3 penales de Lima que habían sido tomados por reclusos miembros del PCP-SL, resultando más de 300 muertos, muchos de ellos ajusticiados luego de rendidos.

En mayo de 1988, luego de un ataque terrorista, 31 pobladores de la comunidad de Cayara fueron asesinados por miembros del ejército al mando del Gral. José Valdivia. El gobierno negó los hechos.

A mediados de la década de 1980, la prensa peruana había desarrollado 3 tipos de discurso frente a la violencia política. Los medios más conservadores (“El Comercio”, “Expreso” y “La Prensa”) entendían al PCP-SL como producto casi exclusivo de una ideologia fanática y foránea, contra el cual sólo cabía la represión militar; las violaciones de derechos humanos realizadas por los militares eran consideradas como lamentables pero inevitables excesos. Los medios de orientación más izquierdista (“La República”) contemplaban otros factores sociales y económicos en la génesis de la subversión, y demandaban el fin de la guerra sucia y sanción a los culpables. Finalmente, la prensa ligada al PCP-SL (“El Diario de Marka”) justificaba en cierta forma la subversión como producto de una violencia ancestral perpetrada por el estado.

Por lo general, el tratamiento de las noticias no era equitativo y dependía del grupo social de las víctimas; si éstas eran autoridades, oficiales o empresarios, la condena solía ser contundente y demandaba una investigación exhaustiva; por el contrario, las masacres de comunidades campesinas recibían coberturas mínimas y cuestionamientos tenues o inexistentes.

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La influencia de los medios masivos de comunicación sobre la sociedad, y en particular sobre la génesis de la violencia, ha sido desde hace varias décadas, tema de numerosas teorías e investigaciones, con propuestas diversas y a veces contradictorias, que van desde la culpabilización absoluta hacia los medios (particularmente la TV) por la violencia social, hasta la visión de los mismos como “catárticos” y por lo tanto, atenuantes de la violencia latente de la teleaudiencia. Por otro lado, las metodologías empleadas no siempre permiten establecer claramente una relación de causa-efecto entre la exposición a contenidos mediáticos violentos y las conductas violentas, pues podrían existir factores previos que promuevan tanto las conductas violentas como la preferencia por la visualización de escenas de violencia.

Las investigaciones en torno a la relación entre la violencia mediática y la violencia en el público, han seguido tres líneas principales: efectos sobre la conducta, efecto sobre las emociones y efectos cognitivos.

En la línea de los efectos sobre la conducta, se han planteado principalmente las siguientes teorías: reforzamiento, catarsis, estimulación elemental y modelaje. La línea de los efectos emocionales incluye las teorías de la sensibilización, de la desensibilización y del habituamiento. Finalmente, la línea de los efectos cognitivos comprende básicamente las teorías siguientes: de los guiones cognitivos, y de la enseñanza cognitiva.
Efectos sobre la conducta:

- Según la teoría del reforzamiento (Klapper 1960), la violencia televisiva operaría como refuerzo de tendencias agresivas preexistentes en los espectadores, y no como generadora primaria de estas conductas. Cuanto más atractivo resulte el contexto mediático en el cual se desarrolla la violencia, o cuanto más identificación sienta el espectador por el mismo, mayor sería su poder reforzador de la violencia.

- La teoría de la catarsis (Feshback y Singer 1971) plantea que la percepción de contenidos violentos en los medios de comunicación, permitiría al público aliviar inofensivamente sus propios sentimientos de hostilidad. La violencia mediática cumpliría así un rol positivo de servicio público, como catarsis de agresividades potenciales. Estudios posteriores, sin embargo, no han avalado estas ideas.

- La teoría de la estimulación elemental (Tannenbaum y Zillmann 1975), plantea que lo verdaderamente determinante en la agresividad del espectador sería el grado de estimulación psicológica y fisiológica que provoca el programa televisivo en el sujeto, independientemente del contenido de dicho programa. De este modo, no solamente los contenidos violentos podrían estimular la violencia, si no también otro tipo de contenidos, como podría ser el erótico, dependiendo de la predisposición del receptor.

- Según la teoría del modelaje o aprendizaje por observación, (Bandura 1977), los sujetos expuestos a la violencia de la televisión actuarían, después de esta exposición, de manera más violenta de lo que normalmente lo harían de no haber visto este tipo de programas. Este modelaje dependería de varios factores: 1) Las características del modelo. La probabilidad de imitar la conducta es proporcional al grado de identificación con el personaje violento; en tal sentido, la violencia de los “buenos” resultaría más nociva que la de los villanos. 2) Las consecuencias de la violencia. La violencia que proporciona recompensas a sus perpetradores es más pausible de ser imitada que aquella que recibe castigo. 3) Grado de realismo. Cuanto mayor es el realismo percibido, mayor el efecto; en este sentido, los niños serían los más vulnerables. 4) Susceptibilidad individual. Los individuos con problemas emocionales son más vulnerables al modelaje. 5) La interpretación cognitiva particular del espectador hacia la violencia.

Efectos emocionales:

- La teoría de la sensibilización (Zillman 1980; Tamborini, Stiff y Heidel 1990) plantea que la visualización frecuente de escenas violentas resultaría tan traumatizante para algunos espectadores, que éstos terminarían por evitar este tipo de actos en la vida real. Esta situación se daría ante imágenes de violencia extrema o muy realista, y en individuos particularmente empáticos, con tendencia a identificarse con las víctimas.
- La teoría de la desensibilización (Bjorkqvst y Didrikkson 1985), por el contrario, propone que la exposición continua a la violencia mediática, más aún en un contexto generalmente de relax como es el de ver televisión, llevaría al espectador a una falta progresiva de sensibilidad ante situaciones de violencia. Se produciría así una tolerancia ante la violencia.

- Similar a la anterior, la teoría del habituamiento (Van der Voort 1986; Linz, Donnerstein y Penrod 1984) plantea que la exposición a la violencia llevaría al espectador a considerar aquélla como normal, dificultándole identificar los actos violentos como tales.


Efectos cognitivos:

- Según la teoría de los guiones cognitivos (Abelson 1976), la exposición frecuente a la violencia mediática generaría en el espectador un aprendizaje de guías para la conducta (guiones), que serían almacenados para ser recuperados en circunstancias análogas de la vida real.

- Según la teoría de la enseñanza cognitiva (Srull y Wyer 1979; Berkowitz 1984), los pensamientos relacionados con actos agresivos que son provocados por contenidos mediáticos violentos pueden provocar, a su vez, otros pensamientos que están semánticamente relacionados, viendo aumentadas así las posibilidades de que los receptores tengan otras ideas agresivas en ese mismo período.

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En julio de 1990 asumió la presidencia el Ing. Alberto Fujimori, tras derrotar sorpresivamente al escritor Mario Vargas Llosa. Dos años después, en abril de 1992, clausuró el Congreso y abolió la Constitución.
En noviembre de 1991, 15 personas (incluyendo un niño de 8 años) fueron asesinadas por miembros de un escuadrón paramilitar denominado “Colina”, en Barrios Altos, Lima. En julio de 1992, 9 estudiantes y 1 profesor de la Universidad La Cantuta, en las afueras de Lima, fueron secuestrados y ejecutados por el mismo escuadrón. Las investigaciones fueron obstaculizadas por el gobierno y la mayoría oficialista en el nuevo Congreso; una de las congresistas afirmó que los desaparecidos se habían “autosecuestrado”. Cuando la comisión investigadora citó al Comandante General de la Fuerzas Armadas, los tanques del ejército salieron a las calles de la capital.
En julio de 1992, un coche-bomba con 500 kg. de dinamita, colocado por miembros del PCP-SL, hizo explosión en la calle Tarata, en Miraflores, una de las zonas más transitadas de Lima, muriendo 23 personas.
En septiembre del mismo año, fue capturado Abimael Guzmán en una residencia del distrito de Surco, en Lima, junto con otros cabecillas del PCP-SL.
En junio de 1995, el Congreso promulgó la Ley de Amnistía para todos los militares acusados de violaciones a los derechos humanos, incluyendo a los miembros del grupo Colina, que habían pasado por un juicio bastante benévolo en el fuero militar. Poco después, en las elecciones presidenciales, Fujimori fue reelegido.
La prensa peruana fue unánime en condenar los actos terroristas del PCP-SL. En el caso de la Cantuta, solamente el diario “La República” fue enfático desde el principio; sin embargo, al descubrirse los cadáveres de los estudiantes y el profesor, todos los medios exigieron una investigación y sanción de los responsables, unos con más énfasis que otros. Asimismo, la Ley de Amnistía no fue bien recibida por “La República” ni por “El Comercio”; “Expreso” publicó una crítica tibia.

La TV por su parte, no ocultaba sus simpatías por el régimen. Los principales canales de TV, “Frecuencia Latina”, “Panamericana” y “América”, propagaban reportajes y entrevistas que favorecían las versiones oficiales en desmedro de las opiniones críticas.


A partir de 1997, comenzaron a proliferar los denominados “diarios chicha”, tabloides sensacionalistas de precio muy bajo, con imágenes de sexo y violencia en sus portadas, y lenguaje de replana. Con el paso del tiempo, la mayor parte de estos diarios (“El Tío”, “El Chino”, “La Chuchi”, “El Bocón”, etc.) se dedicó a atacar a los opositores del gobierno y a exaltar los supuestos éxitos de éste. Las campañas de difamación y calumnias alcanzaron su punto máximo durante la campaña de Fujimori para su segunda reelección, entre 1999 y el 2000.
Los “diarios chicha” aludían frecuentemente al fantasma del terrorismo para azuzar los miedos de la población y vender la imagen de Fujimori y su cúpula militar como la única opción viable para el Perú. Los tabloides, que como luego se demostró, recibían financiamiento del estado, no dudaban en acusar de “terroristas”, “traidores” o “antipatriotas” a los críticos al gobierno y defensores de derechos humanos, inventando toda clase de calumnias, en medio de la más absoluta impunidad.
Como ejemplo del bajísimo nivel al que llegaron estos medios, “El Tío” le dedicó los siguientes titulares a uno de los principales periodistas opositores, entre abril y julio de 1999: “NN es alcahuete de la oposición”, “Comunista NN quiere liberar a terrucos presos”, “Comunista NN pide noche con terruco Feliciano”, “NN en la jaula de las locas”, “A NN no se le para”, “NN se entregó al zambo”, “NN no es macho”.
Técnicas empleadas por la prensa parametrada (Brown 1986):
  • Empleo de estereotipos: se presenta al opositor al régimen como “enemigo de la patria” o “amigo del terrorismo”, culpable de todas las desgracias que asolan al país, en contraposición al gobierno “patriota” y “defensor del pueblo”.
  • Selección: se sobredimensiona todo aquello que favorece al gobierno, en tanto que se minimiza u oculta lo desfavorable a su imagen.
  • Mentira abierta: se acusa a los críticos del gobierno de asuntos dudosos, no probados o simplemente inventados.
  • Repetición: se presenta la información en forma incesante y abrumadora, sin importar su veracidad, de modo que “algo queda” (siguiendo a Goebbels).
  • Afirmación: se presenta la versión oficial de un hecho sin cuestionamiento alguno, como verdad absoluta.
En la TV, la casi totalidad de canales de señal abierta apoyaban la campaña reeleccionista de Fujimori, a través de programas políticos, noticieros, talk-shows (como el de Laura Bozzo) y hasta programas cómicos, sin dejar de lado una habitual dosis de violencia.
La internet no fue ajena a la campaña de demolición contra los opositores. En una página web denominada irónicamente “Asociación Pro-Defensa de la Verdad”, se difamó a diestra y siniestra.

En septiembre del 2000 fue difundido a través de Canal N (el único canal de TV crítico al gobierno) un video mostrando al asesor presidencial Vladimiro Montesinos entregando un soborno al congresista Alberto Kouri. Fue el primero de una serie de “vladivideos” que revelaban uno de los lados más oscuros del régimen. Ante la incontenible ola de protestas, Fujimori huyó al Japón en noviembre, renunciando a la presidencia desde Tokio por fax.
El nuevo gobierno, presidido por el Dr. Valentín Paniagua, designó en junio del 2001 a la denominada Comisión de la Verdad para investigar todos los casos de abusos contra los derechos humanos durante el periodo 1980-2000.
El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, presentado en agosto del 2003, reveló cifras escalofriantes: más de 69 mil muertos y desaparecidos, víctimas del terrorismo subversivo y de la represión de las fuerzas del orden.
El Informe generó las iras de los medios más conservadores, ligados a las Fuerzas Armadas (“Expreso”, “Correo” y “La Razón”), que atacaron ferozmente a los comisionados, acusándolos de “proterroristas”, “traidores a la patria” y otros adjetivos sin fundamento. Un columnista de “Correo” publicó lo siguiente: "Más sencillo con los integrantes de la Comisión de la Verdad: se les fusila donde se les encuentre para que sus cadáveres sirvan de alimento en las chancherías de la localidad". La búsqueda de la impunidad era obvia.

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National Television Violence Study (EE.UU. 1996-1997):
  • En Estados Unidos, la presencia de la televisión en los hogares ha pasado desde 4.5 horas TV por hogar en 1950, a más de 7 en el 2000.
  • El 75% de los actos de violencia en la TV, queda sin castigo.
  • El 40% de los actos violentos los cometen los “buenos”.
  • El 60% de los programas contiene violencia y sólo un 4% de ellos contiene algún tipo de tema antiviolento.
  • Sólo un 27% de los perpetradores de violencia muestra remordimiento por sus actos.
  • El 55% de las víctimas de la violencia no muestra dolor ni sufrimiento.
Índice de Violencia de la Televisión Argentina (2005):
  • Se presenta 1 acto de violencia cada 16 minutos y 23 segundos.
  • Los protagonistas principales de la trama participan en el 79.4% de actos de violencia, ya sea como víctimas o como victimarios.
  • El 91% de los noticieros de TV difunden usualmente noticias violentas.
  • Los noticieros de la TV difunden 1 noticia con violencia cada 15 minutos.

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Conclusiones:
- Los medios de comunicación jugaron un rol principal durante los años de la violencia política en el Perú (1980-2000).
- La información divulgada no era siempre objetiva, y respondía por lo general a la línea política y a los intereses de los propietarios; en el caso de los medios conservadores, la violencia subversiva era percibida únicamente como ideológica y ajena a nuestra realidad, combatible solamente con la represión militar; otros medios tuvieron una visión más amplia del fenómeno y demandaron un respeto irrestricto a los derechos humanos.
- El tratamiento de la información de actos de violencia no era equitativo, y dependía del grupo social y procedencia de las víctimas; contundente si éstas eran autoridades, oficiales o empresarios de Lima y otras ciudades costeñas, y tímida si eran campesinos de las zonas andinas.
- Durante los últimos años de la década de 1990, fue cobrando paulatinamente mayor importancia el respeto a los derechos humanos, y ésto se vio reflejado en el sector de la prensa crítico a la dictadura de Fujimori. Por el contrario, la mayoritaria prensa adicta al régimen utilizó el fantasma del terrorismo para atacar a la oposición y proteger a los uniformados acusados de violaciones a los derechos humanos.
- Desde 1997, los denominados “diarios-chicha” se constituyeron en un arma del gobierno para atacar incesante e impunemente a la oposición política, convirtiendo al periodismo “en el más vil de los oficios”.
- Los medios de comunicación oficialistas, a través de la prensa escrita, la TV y la internet, influyeron poderosamente en la opinión pública, manipulando la imagen pública del presidente y la aceptación de sus reelecciones sucesivas. Sin embargo, la manipulación tiene sus límites, y ante la evidencia del fraude y la corrupción, difundida también por un medio de prensa, la población rechazó mayoritariamente al régimen.
- La manipulación de la información ejercida por la prensa adicta al régimen de Fujimori pone sobre el tapete el tema de la enorme responsabilidad social de los medios de prensa y lo inconveniente que resulta la visión de los mismos únicamente desde la óptica mercantilista.
Bibliografía
  • Acevedo Rojas J. Prensa y violencia política (1980-1995). Aproximación a las visiones de los Derechos Humanos en el Perú. Lima: Asociación de Comunicadores Sociales Calandria, 2002.
  • Brown JAC. Técnicas de persuación. De la propaganda al lavado de cerebro. Madrid: Alianza Editorial 1986.
  • Caretas. La verdad sobre el espanto. El Perú en los tiempos del terror. Lima: Empresa Editora Multimedia SAC, 2003.
  • Comisión de la Verdad y Reconciliación. Yuyanapaq. Para recordar. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.
  • Comisión de la Verdad y Reconciliación. Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Lima, 2004.
  • Cornblit O. Violencia social, genocidio y terrorismo. México: Fondo de Cultura Económica, 2001.
  • Dirección de Fiscalización y Evaluación del Comité Federal de Radiodifusión. Índice de Violencia de la Televisión Argentina. Informe preliminar. Buenos Aires, 2005. http://www.comfer.gov.ar/documentos/pdf/InformeViolencia.pdf.
  • Fundación Infancia Aprendizaje. Informe Pigmalión. http://ares.cnice.mec.es/informes/03/documentos/indice.htm.
  • García Galera, MC. Los efectos de la violencia televisiva en la audiencia. En: Televisión, violencia e infancia. El impacto de los medios. Barcelona: Gedisa, 2000. http://www.nombrefalso.com.ar/index.php?pag=108.
  • Rospigliosi F. El arte del engaño. Las relaciones entre los militares y la prensa. Lima: Asociación Pro Derechos Humanos, 2000.
  • Sodré M. Sociedad, cultura y violencia. Buenos Aires: Enciclopedia Latinoamericana de Sociocultura y Comunicación, 2001.





20 octubre, 2006

Psicopatología entre las víctimas de la violencia en el Perú 1980-2000



 
Presentado en el XVIII Congreso Peruano de Psiquiatría, 2004.


Entre los años 2000 a 2002, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) llevó a cabo una investigación sobre los sucesos de violencia ocurridos en nuestro país entre 1980 y 2000, que dejaron un saldo de 69 mil muertos y desaparecidos, e innumerables víctimas con secuelas físicas y psíquicas. En el presente trabajo se hace una breve revisión de los efectos psiquiátricos que puede generar la violencia, poniendo énfasis en su carácter persistente y discapacitante.
“Una vida completamente desorganizada, atemorizada, ¿no? Hasta ahora yo no puedo encontrar la calma." (Testimonio 510257 de la CVR, el testigo narra el asesinato de su primo en Chumbivilcas, Cusco).


 
Guerra y trauma
Los efectos psicológicos que la guerra deja entre los combatientes se empezó a estudiar en forma más menos sistematizada a principios del siglo XX, durante la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1906), en la cual los médicos rusos describieron episodios de excitación histérica, irritabilidad, temor e inestabilidad emocional. En 1945, R. Grinker denominó fatiga de guerra a un cuadro que presentaban los combatientes de la Segunda Guerra Mundial, caracterizado por irritabilidad, fatiga, insomnio, depresión, temor, sobresalto, temblores, dificultad en la concentración, pesadillas, cambios en la personalidad y alcoholismo. En 1968, H. Krystal estudió a los sobrevivientes de campos de concentración nazis, encontrando entre los mismos sensación de abandono, desesperanza, el aceptar la muerte como inevitable, ansiedad, hiperalerta y alexitimia.
 



Terrorismo de estado, impunidad y trauma
La violencia desatada por el mismo estado (que supuestamente debería garantizar el bienestar de la población) reviste características particulares, que han sido objeto de estudio por parte de algunos autores.

Moisés Kijac y Silvio Funtowicz en 1980 describieron lo que ellos denominaron experiencias extremas, como experiencias totalmente desconocidas, los victimarios son seres humanos, las agresiones están respaldadas “legalmente” y se acompañan de culpa inoculada por el agresor, no existe posibilidad de reaccionar en contra de los agresores ni de denunciarlos como tales (agresión institucionalizada), existe peligro por ser considerados opositores-enemigos, y hay aislamiento por prisión, exilio o semi-clandestinidad. Esto establece una diferencia entre la violencia desatada por el estado respecto a la violencia proveniente de otros estamentos.

En 1988, Elina Aguiar describió las consecuencias del terrorismo de estado durante la dictadura militar en Argentina (1976-1983), concluyendo que la impunidad debe ser considerada como una nueva violencia que en su repetición desencadena violencia y caos en el cuerpo social. Estudió además los efectos psicológicos entre las parejas afectadas por la represión: la culpa por sobrevivir y la culpa inducida por el estado hacen sentir a los sobrevivientes sin derecho a vivir.

Otto Doerr, Elizabeth Lira y Eugenia Weinstein estudiaron en 1988 a las víctimas de la represión militar en Chile (1973-1990), describiendo la siguiente psicopatología de la persona torturada síntomas de estrés postraumático en la fase aguda, empobrecimiento de la vida psíquica que daña y limita la existencia, profunda desconfianza, una inseguridad muy grande en las propias capacidades y un gran desinterés; a esta situación patológica la denominaron cambio esquizomorfo de la personalidad. Propusieron además una fenomenología de la situación de tortura, que la hace particularmente nociva para quienes la sufren y puede explicar los cambios perdurables en la personalidad: asimetría en la relación torturador-torturado, anonimidad (el torturado no sabe quién lo tortura y muchas veces el torturador no sabe a quién tortura), doble vínculo (el torturado se debate penosamente entre sufrir o delatar a sus compañeros), falsedad (falsas acusaciones, falsas amenazas, falsos juicios), espacialidad reducida y artificial, y temporalidad (la tortura se vive como interminable).

En 1993, Diana Kordon describió las siguientes consecuencias clínicas entre las víctimas de la represión militar en Chile: repetición mental del hecho traumático, conductas evitativas en relación al hecho traumático, suspensión o abandono de proyectos vitales, trastornos del humor y del sueño, sentimientos de impotencia, sentimientos de hostilidad, psicosis, trastornos somáticos severos, dificultades en la elaboración del duelo, episodios de angustia automática ante hechos evocadores del trauma, sentimiento de aislamiento o resentimiento hacia el entorno social. La impunidad refuerza estos efectos porque genera sentimientos de indefensión y desamparo.Mirtha Osso y Carmen Wurst mencionaron en el 2001 las siguientes secuelas de la desaparición forzada en familias ayacuchanas, como parte del conflicto armado de 1980-2000: sentimientos de desvalimiento y desesperanza, truncamiento de los proyectos individuales de vida, desmembramiento de la estructura familiar, el duelo adquiere características particulares y es transmitido de generación en generación, ansiedad, depresión y otras secuelas postraumáticas.

En el 2003, el Centro de Atención Psicosocial y la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos encontraron los siguientes síntomas entre las víctimas de la violencia de 1980-2000, atendidas por ellos: impulsividad, conducta violenta y hostilidad (38%); tristeza (93%); ansiedad generalizada (80%); autoestima disminuida (74%); desconfianza y suspicacia (89%); alteración del sistema neurovegetativo (19%), y problemas de la atención (34%).


Informe de la CVR (2003): secuelas psicosociales de la violencia
Entre los años 1980 y 2000, el Perú fue escenario de la violencia desatada tanto por los grupos subversivos Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), como por las Fuerzas Armadas (FFAA). La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) llevó a cabo una investigación sobre estos sucesos de violencia, que dejaron un saldo de 69 mil muertos y desaparecidos, e innumerables víctimas con secuelas físicas y psíquicas. En el capítulo Secuelas Psicosociales de la Violencia del Informe Final de la CVR, se describen las siguientes secuelas:
Miedo y desconfianza: El miedo fue utilizado como método de dominación y amedrentamiento (asesinatos selectivos, ejecuciones públicas, crueldad extrema, masacres, desapariciones forzadas, hallazgo de cadáveres mutilados, tortura, abusos sexuales, apagones, bombas), tanto por parte de los grupos subversivos como por parte de las fuerzas del orden. Esto dio lugar a un miedo generalizado y permanente (“nos hemos alimentado de miedo”), un estado de alerta constante y una permanente sensación de vulnerabilidad. El miedo no se acaba al terminar las causas que lo generaron, resurge ante cualquier estímulo que recuerde los hechos.

“Creo que verdaderamente ésta ha sido una guerra no convencional en la cual nosotros no sabíamos cuál era nuestro enemigo; como le digo, se dudaba hasta del cura, se dudaba hasta de los niños, se dudaba de todo el mundo. Era solamente usted con su compañía, y lamentablemente usted daba la vuelta y lo han volado. Dentro del mismo ejército también a veces había gente infiltrada; era terrible, verdaderamente era angustiante; es una guerra verdaderamente horrible.” (Testimonio 100625. Miembro del Ejército Peruano)
“Pero siempre el recuerdo saldrá... Vivimos aterrorizados. Yo hasta ahora siento que por donde camino, siento así que me persiguen; será que psicológicamente yo me quedé así ¿no? y volteo, no hay nadies. O sea, no salgo de casa tampoco mucho, no salgo de casa. Habrán pasado diez, once años, pero siempre queda el miedo. Y ese miedo, tal vez con el tiempo pueda olvidarlo y borrar todas las heridas que pasé, que vi violencia, sangre. Nunca pensé ver tanta violencia y ojalá nunca se vuelva a repetir.” (Testimonio 100959. La declarante narra sucesos acaecidos en Pucallpa, Ucayali)
Desintegración de los vínculos familiares y comunitarios: La población presenció el asesinato y la desaparición de sus seres queridos. La familia se fragmentó y perdió su capacidad para brindar protección y cuidado. La vida cotidiana se vio trastocada, hubo desconcierto y desamparo entre dos bandos (subversivos y militares eran percibidos como igualmente responsables), y se produjo un debilitamiento de los lazos comunitarios. Se dio además una alteración en el proceso de duelo, debido a la ausencia del cuerpo (incertidumbre, búsqueda interminable), la brutalidad de la muerte (no sólo murió sino cómo murió), la prohibición de rituales funerarios y la soledad en el dolor.
“Tenía trece años, la que me seguía tenía diez años, la otra menorcita tenía como siete años, por ahí, y el menorcito tenía dos años a tres años tenía, porque ya decía ‘papá’. Porque él ha visto, lo que le han cortado y decía, papá, papá corta papá. Así lloraba, ya se daba cuenta también, porque nosotros estábamos a su lado de él. (...) Como yo era la mayor mi mamá no podía coordinar con nadie, yo tenía trece años, solita cómo haríamos nosotros, llorábamos, llorábamos... diario, día y noche llorábamos.” (Testimonio 510250. La declarante narra el asesinato de su padre en Chumbivilcas, Cusco)

“Yo le pido, le ruego se aclarezca algo, que yo madre sufro, yo sufro mucho y le suplico a usted joven, que por favor hagan algo. Todos los días tantos casos se ve. Quisiera saber siquiera dónde está botado mi hijo. Si le han botado o le han quemado, o dónde se ha podrido mi hijo. Nunca lo he llegado a ver. Ese es mi desesperación, duermo como pensando ‘él estará botado o por ahí estará loco’. Qué le habrán hecho a mi hijo, no sé nada. No sé nada de mi hijo. Quisiera que hagan justicia por favor.” (Testimonio 440114. Madre de desaparecido en Uchiza, Tocache, San Martín)

Daños a la identidad personal: Las secuelas físicas de las torturas, impactos de bala o explosiones quedaron como recuerdos de la experiencia, manteniendo una sensación de vulnerabilidad. La violencia sexual produjo daño a la autoestima, desconfianza, una vida sexual deteriorada, estigma social, culpa y embarazos no deseados.

Los proyectos de vida y sueños rotos generaron frustración. Se describe también sufrimiento extremo, odio y resentimiento, indignación y desesperanza ante la impunidad, evasión y reproducción de la violencia (maltrato infantil y conyugal). Las víctimas mencionan que “ya no somos los mismos”, utilizando para sí mismos términos como “nervioso”, “traumado”, “psicoseado”; muchos tienen un cambio permanente de su personalidad, y otro optan por el suicidio.
“Si yo pudiera matarlo a ese desgraciado yo lo mataría (...) Odio. Yo no voy a perdonar el daño. Y como escuché ese día en la reunión ‘yo perdono’. Para mí era una estupidez. A quien le ha generado un gravísimo daño moral y psicológicamente a la familia de uno, me ha hecho perder mi trabajo, un desastre económico, ¿le voy a perdonar?” (Testimonio 100082. Acusado por traición a la patria y encarcelado en Lima)

“Yo me recuerdo que antes del suceso yo era un hombre muy alegre (...) muy extrovertido, me gustaba compartir, amiguero a no más. (...) A partir de esa fecha no era el mismo creo, tenía pesadillas persecución de delirio, sobre todo me parece que eso también hizo que mi esposa quién sabe se canse, porque no era el mismo hombre, no era el mismo hombre, era un poco amargado, renegado, aunque no tanto con sed de venganza ni nada por el estilo, pero cambié enormemente, cambié enormemente, tenía miedo, me puse sumamente nervioso, tenía tanto temor, miedo, veía la policía, me parece que me quería matar prácticamente, porque ¿no sé?, porque tanto me había ‘sicoseado’, me había amenazado.” (Testimonio 100862. Profesor detenido en Aquia, Bolognesi, Ancash)



Presentación de la CVR en Ayacucho, 2003

Buscando comprender: La necesidad de saber y encontrarle un sentido a todo lo sucedido se enfrenta a una necesidad de no saber, expresada en el silencio, la negación oficial de los hechos, la impunidad de los victimarios, el desconocimiento y el desinterés, y que es consecuencia no solamente del miedo al castigo por parte de los culpables y sus cómplices (que han movilizado toda una maquinaria propagandística de desprestigio contra la CVR), sino además de un mecanismo de defensa psicológico ante sentimientos de pena, vergüenza y culpa (“no sólo no puedo creer que esto haya sucedido, sino que no quiero creer que esto haya sucedido”).

Protocolo de Estambul (2001)

El Protocolo de Estambul (Manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanos o degradantes) de la ONU, publicado en el 2001, describe las siguientes secuelas psicológicas de la tortura: reexperimentación del trauma, evitación y embotamiento emocional, hiperexcitación, síntomas de depresión, disminución de la autoestima y desesperanza, disociación y despersonalización, quejas psicosomáticas, disfunciones sexuales, psicosis, abuso de sustancias y deterioro neuropsicológico. 


Trastorno de estrés postraumático (CIE 10, DSM IV)
Las dos principales clasificaciones psiquiátricas de uso internacional, la Décima Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS (CIE 10, 1992) y el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fourth edition (DSM IV, 1994), incluyen la categoría diagnóstica de trastorno de estrés postraumático, con las siguientes características: exposición a un evento traumático, recuerdos recurrentes e intrusos del trauma, revivicencias, sueños reiterativos sobre el trauma, angustia ante circunstancias evocadoras del trauma, evitación activa de circunstancias evocadoras del trauma, aislamiento, desinterés, desesperanza, depresión, dificultad para concentrarse, irritabilidad, hipervigilancia, ideación suicida y abuso de sustancias.

Estudio epidemiológico de Salud Mental en la Sierra Peruana (Instituto Nacional de Salud Mental "Delgado-Noguchi", 2003)
El Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi” realizó en el 2003 el Estudio Epidemiológico de Salud Mental en la Sierra Peruana, en el área urbana de Ayacucho, Cajamarca y Huaraz (4200 hogares). El estudio tuvo las siguientes características: descriptivo, epidemiológico y transversal, muestreo altamente probabilístico (manejo adecuado de inferencias y efecto del diseño). A continuación se muestran algunos resultados relativos al tema de la violencia y sus consecuencias psicológicas.

Prevalencia de vida de algún trastorno psiquiátrico:


¿Perdió algún familiar directo en algún acto de violencia?
No perdieron: 48.6% con algún trastorno psiquiátrico.
Sí perdieron: 65.7% con algún trastorno psiquiátrico.
(F 12.364, df1 1, df2 116, p 0.001)

¿Ha presenciado la muerte violenta de alguna persona en alguna situación vinculada al terrorismo?No presenciaron: 45.7% con algún trastorno psiquiátrico.
Sí presenciaron: 71.6% con algún trastorno psiquiátrico.

(F 29.058, df1 1, df2 116, p 0.000)

Prevalencia de vida de algún trastorno de ansiedad:
¿Perdió algún familiar directo en algún acto de violencia?
No perdieron: 30.5% con algún trastorno de ansiedad.

Sí perdieron: 57.0% con algún trastorno de ansiedad.
(F 30.814, df1 1, df2 116, p 0.000)

¿Ha presenciado la muerte violenta de alguna persona en alguna situación vinculada al terrorismo?No presenciaron: 28.2% con algún trastorno de ansiedad.
Sí presenciaron: 56.5% con algún trastorno de ansiedad.
(F 34.765, df1 1, df2 116, p 0.000)
Prevalencia de vida de algún episodio depresivo:
¿Perdió algún familiar directo en algún acto de violencia?
No perdieron: 15.5% con algún episodio depresivo.

Sí perdieron: 31.4% con algún episodio depresivo.
(F 17.497, df1 1, df2 348, p 0.000)

¿Ha presenciado la muerte violenta de alguna persona en alguna situación vinculada al terrorismo?No presenciaron: 15.7% con algún episodio depresivo.
Sí presenciaron: 21.5% con algún episodio depresivo.
(F 4.386, df1 1, df2 348, p 0.037)

Estos resultados indicarían una asociación altamente significativa entre exposición a situaciones de violencia, y prevalencia de vida de algún trastorno psiquiátrico, de algún trastorno de ansiedad o de algún episodio depresivo, en las ciudades estudiadas.
Bibliografía

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  • Comisión de la Verdad y Reconciliación. Informe Final. Tercera parte: Las secuelas de la violencia. Capítulo 1: Las secuelas psicosociales (http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20VIII/TERCERA%20PARTE/I-PSICOSOCIALES.pdf). Lima, 2003.
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  • Grinker RR, Spiegel JP. Men under stress. Philadelphia: Blakiston, 1945.
  • Instituto Especializado de Salud Mental “Honorio Delgado – Hideyo Noguchi”. Estudio Epidemiológico de Salud Mental en la Sierra Peruana 2003. Informe General. Anales de Salud Mental 2003; XIX (1-2): 1-216.
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  • Kordon D. La tortura en Latinoamérica: sus efectos inmediatos y mediatos en el individuo y en la sociedad. Reflexión 1993;19:30-34 (http://www.redsalud-ddhh.dm.cl/la_tortura_en.htm).
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